Anexo D&D XI: Snaz

El portal situado en el enclave de plata de Dalaran chispeó de forma extraña y cambió de color: pasó de un azul trasparente a un verde consistente, se encogió y con un espasmo eructó una figura oblonga y peluda que, con un sonido metálico, rebotó varias veces en el suelo para terminar en una fuente.
Con un quejumbroso “ joder, qué oxtia“, la figura emergió del agua, avanzó unos pasos, miró al frente y a los lados y se derrumbó sobre la acera. Los transeúntes, espantados ante el impacto, se acercaron hasta formar un corrillo alrededor y comenzaron a murmurar.
-¿Qué es?-comenta un gnomo calvo.
-Parece un enano por tamaño y barba. Un poco desaliñado, pero un enano sin duda -dice un draenei que da la vuelta al enano grogui, que mira a su alrededor
–Camarada -continúa diciendo-, ¿te encuentras bien? ¿Cómo te llamas?
-Snaz, me llamo Snaz -balbucea, vertiendo un chorro de babas sobre su larga y abundante barba naranja mientras mira extrañado a su alrededor.
-Es obvio que es un enano -ruge otro enano de barba marrón y gruesa armadura-. ¡Y la mejor forma de curar a un enano es con cerveza! ¡Así que arrastradle ahí enfrente a la de ya!
El draenei arrastra sin dilación y delicadeza a Snaz hasta la cercana taberna y le sienta en una de las mesas, mientras el gnomo lleva el casco caído del explorador y lo coloca sobre ésta. Snaz, un poco más centrado, agarra a una camarera humana de robustas caderas que pasaba por ahí y le da su casco astado al ruego de:
-Llénamelo con la cerveza más fuerte que tengas. -La camarera mira el recipiente, lo agarra y se marcha hacia la barra.
El draenei y el gnomo se miran y con disimulo se marchan, dejando solos a los dos enanos.
-¿Se puede saber cómo te las has apañado para salir disparado de un portal de ciudad? -dice el barbado marrón.
Snaz le mira con ojos rojos, con la mirada perdida, y añade:
-No se dé que cojones hablas, yo estaba haciendo un trabajo para putos goblins y he aparecido aquí.
-Si trabajabas con goblins lo raro es que no hayas acabado convertido en puto picadillo de zancudo -apostilla el enano mesándose la enorme barba mientras hace una señal a la camarera para que traiga otra bebida–. Y dime, ¿dónde estabas trabajando? ¿Trinquete? ¿Bahia de botin?
La cara de Snaz se ilumina levemente y a su cerebro vuelven recuerdos de meses pasados
-Carajo, yo he pasado una vez por sitios con esos nombres cuando estuve en otro mund… Joder… no puede ser cierto -dice Snaz mientras se agarra la cabeza-. ¡Otra vez no! –Golpea su cráneo contra la mesa con la suficiente fuerza para astillarla.
La camarera deja una jarra frente al enano y el casco lleno de cerveza frente a Snaz, que lo coge y procede a colocárselo con contenido incluido sobre la testa vertiendo el ambarino caldo por su persona y alrededores.
El otro enano le da un largo trago a la espumosa cerveza con un suave olor a mantequilla y asiente.
-Muchacho, tampoco te pongas así, pase lo que te pase sigues vivo y tienes tus armas.
Snaz inspiró una gran bocanada de aire y se levantó
–Cierto, pero -se miró de arriba abajo y observó su lamentable estado– ya que voy a estar aquí una temporada vamos a hacerlo bien. Gracias, maese enano, permítame invitarle a esta cerveza por su ayuda.
El enano levantó su jarra.
–Gracias a vos, siempre es un placer ayudar a un hermano.
-¡Tabernera¡ ¿Tenéis habitaciones?

Tras un lavado en una bañera de bronce, el robusto enano pelirrojo emergió cual mesa camilla del agua, chorreando y cubierto de pelo rojo. Se secó con unas toallas y se peinó en una larga cola de caballo el pelo de la cabeza. Luego, con esmero, se trenzó el largo bigote que nacía de su bulbosa nariz y su barba que llegaba hasta su cintura. Todo ello lo sujetó con unos enormes pero refinados anillos de hierro negro labrados con formas geométricas. A continuación clavó sus ojos verdes en las múltiples cicatrices que adornaban su cuerpo y procedió a vestir su armadura tachonada repujada con motivos enanos y rúnicos que remato con unas gruesas botas negras. Cogió su petate y sus dos melladas hachas, que enganchó en su cinturón. Antes de traspasar la puerta de su habitación se paró y pensó: “¿qué haría él en este mundo?”. Sonrió paras sí. “Todo, puedo hacer todo, quizás visite los reinos enanos, o mejor ir al norte. ¡Bah! ya lo pensaré”.
Bajó ensimismado hasta la planta baja. Una figura le cortaba el paso. Sin mirarlo siquiera la trató de apartar con uno de sus gruesos brazos como jamones. La figura no se quitó, sino que con un rápido movimiento lo levanto sobre sí mismo arrojándole contra el suelo. Nada más tocar el enano la superficie de madera, la figura remato la maniobra subiéndose sobre el pecho de éste
–Snaz, por los Dioses, ¿no reconoces una cara amiga ya?
Con los dientes apretados y lleno de ira homicida por el ultraje, Snaz miró hacia arriba con la intención de arrancar los brazos y las piernas y metérselas por el culo al humano, cuando por fin reconoció el rostro de su antiguo compañero y amigo de aventuras.
-Judas, chiquillo, con lo grande que es el puto multiuniverso y por los cojones de Moradin que no pensaba que llegaría a encontrarte aquí.
El aún joven monje llamado judas lleva un sencillo traje de tela sin mangas de color negro que muestra parte de su pecho cruzado por dos gigantescas cicatrices paralelas. El atuendo está rematado por un fajín amarillo donde cuelgan un par de sais y una capa negra molona con filigranas amarillas. En sus extremidades lleva unos brazales también amarillos con motivos élficos y lleva los pies cubiertos por un par de finas zapatillas de piel que parecen no proteger ni de la más pequeña de las chinas del camino. Porta en su cuello una cadena con un anillo intrincado fabricado para unos dedos finos. Desde su cabeza rapada, unos ojos claros se clavan en el enano de debajo suyo.
-Pero, maese Snaz, os recuerdo: llevo aquí años desde que decidí quedarme cuando cruzasteis el portal.
-Maldito malnacido. Pensé que te habías perdido en el puto viaje. En cuanto me levante te pienso dar una tunda que vas a tener que sacarte mi bota de tu trasero con una palanca. Y ahora ¿por qué no te quitas de mi pecho?
Judas con un teatral gesto se retira y levanta al enano sin esfuerzo pese a su mazorral mole pero, pese a su agilidad, no consigue esquivar el abrazo del explorado,r que le estruja unos segundos hasta que se da cuenta que está mostrando sentimientos. Le suelta y se atusa la barba.
-Bueno, viejo enano, tendrás un rato para desayunar y contarme tu historia –dice, sentándose e indicando a Snaz que lo acompañe.
-¡Buahahahaha! Por supuesto, solo a condición de que me cuentes la tuya. ¿Has follao? ¿Y no habrás visto a mi abuelo por aquí? No hay ni rastro de él en ninguna puñetera parte.
Judas se ruboriza y pide dos desayunos, una jarra de cerveza y un pollo asado.
-Bueno, veras, ¿te acuerdas de esas criaturas azules con cuernos que vimos la primera vez que pasaste por aquí?
El enano asiente mientras ataca al pollo que hay sobre la mesa con una mano y se lleva la cerveza a la boca con la otra.
– Bien -comienza a hablar mientras juguetea con el anillo de su cuello–, antes de venir al norte conocí a Ahisa…

Acerca de GarRafa

Me dedico a contar mi vida lo que veo lo que me cabrea y ahora me ha dado por escribir historietas de fantasía y ciencia ficción. ¿Cordura? ¿Eso que es?
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