Trinquete : D&D Anexo III

Era otro día en Giz, la capital del imperio comercial goblin. El típico día donde las chimeneas emitían humo, las calles estaban atestadas y los talleres forja vomitaban toda clase de objetos mientras de vez en cuando algo detonaba en la lejanía y no tan lejos. Desde su mansión, Trinquete podía oír cómo su mujer, Clavija, entonaba las oraciones a Omnisiath en el templo de la casa, mezclándose con los insultos del tráfico exterior.

Trinquete limpiaba su viejo rifle. No era el mejor, pero si al que más cariño tenia. Ahí estaba, parcheado, reforjado, golpeado… ¡Pardiez, si había visto hasta un Balor mientras lo empuñaba! Y quién lo iba a decir ahora, abandonado en una pared con tantas otras piezas letales no tan mortíferas y de aspecto amenazante

Hoy era su día de descanso obligado. Clavija insistía en que hasta los poderosos debían descansar y que más le valía que lo hiciera (si no, cierta esposa de alguien iría de al taller de alguien, le agarraría de la nariz u otro sitio peor y le arrastraría a la mansión mientras le explicaba los beneficios del descanso) así que cada ocho o nueve días dedicaba uno (si no había urgencias o se las inventaba) a limpiar su colección y a sus pequeños proyectos (como un prototipo de zepelín a reacción). Hasta ahora no había conseguido nada que no fuera una enorme explosión de gas. Eso sí, el mecanismo de ignición era genial para demoliciones en minas y un método efectivo para la depilación integral.

Y ahí estaba él: más viejo, podrido de dinero, casado con Clavija, con una hija, Veta, y esperando posiblemente el siguiente. Debía de ser el Piezasuelta más exitoso desde su tataratío Clavo Piezasuelta, que inventó el lanza –vacas (realmente el lanza-vacas no tuvo demasiado éxito. Eso sí, el mecanismo que iba incluido en el lanza-vacas revolucionó las máquinas de asedio actuales, ya que permitía aplicar una fuerza adicional al proyectil al lanzarlo). Se hizo de oro trabajando para los enanos. La guerra llegó y con ella los negocios. Y allí estaba él, un oportunista avezado que supo sacar provecho. Y la cantidad de cosas que sacamos del titán arcano. Debía estar enterrado desde los tiempos del cataclismo. Me extraña que tras eso quedara alguna criatura viva para repoblar la tierra. Ahora que me acuerdo. ¿No decía mi maestro que una leyenda contaba que todos vinimos de otros mundos a través de pasillos de luz…?

¿Se referiría a portales? Eso explicaría los extraños aparatos que encontramos. La desaparición de Snaz, el interés de los orcos en aquel aparato… Qué negocio seria proveer de bienes exóticos otro mundo. Cada vez que lo pienso se me cae la baba y el cigarro. Qué puta jodienda que se llevaran el cacharro original a mitad de su estudio. Sí, estoy seguro de que con eso se podía viajar a otra partes, si no ¿por qué tanto histerismo de elfos y humanos? ¿Dónde habría acabado el puto enano? Después de desvanecerse los muchachos por el portal, tras once años vuelven a aparecer, eso sí, sin el monje, y a los dos días ¡pum! a la mierda el barbas.

Alguien tocaba el timbre. Lo sabía, ya que dos ventanas habían explotado del choque sónico. Veta debía de haber estado jugando otra vez con la maquinaria y lo había reajustado. Dejó el rifle sobre la mesa y fue hacia la puerta. Posiblemente el servicio estuviera en el suelo, aturdidos o sordos. Con paso firme y pisando cristales llegó a la puerta, y abriendo se encontró al conserje de la escuela en el suelo, ko, y su hija estaba a su lado hecha una bola con los dedos en los oídos. La pequeña Veta, con sus dos cortas y chamuscadas trenzas, levemente pecosa y con una dentición parcial debida a su edad se levantó y se sacudió el polvo del mandil de la escuela. Miró a su padre y sonrió

–La culpa ez de otro -añadió sin dilación.

Trinquete aspiró el humo de su cigarro partido, miró a su hija y dijo:

–¿De qué hablamos? ¿Del timbre o de…?

-De la ezcuela -dijo Veta, empezando a poner cara de sólo han sido daños leves a la propiedad–. Rezulta que cazualmente alguien puzo en mi mochila flogizto que cazualmente ez eztremadamente volátil y uno de tuz motorez para hacer un cobaya a reazión y…

-¿Cuánto ha sido esta vez? -dijo, levantando las cejas. Veta saca de un bolsillo un papel chamuscado y se lo entrega a su padre, que silba al ver la cifra–. ¿Qué te he dicho de hacer pruebas en el colegio?

-Que me aguante y que laz haga en el zolar de atráz de la caza. Pero no podía fallá…

-Chist ¡no sigas! Ahora mismo ve a ver a tu madre y tú y yo ya hablaremos.

-Zi ,papá -dijo, mirando al suelo y dirigiéndose cabizbaja al interior de la casa.

Cómo se nota que es hija mía; yo a su edad volé en pedazos un gorrino tratando de inventar bacon instantáneo. Claro que yo sólo tuve que pagar el cerdo, que no era mío… y la pocilga… y el resto de la piara…

En fin… ¿por dónde iba? Ah, sí, el zepelín… no, mejor… ¿Y si consiguiera hacer funcional la copia de la máquina?

Acerca de GarRafa

Me dedico a contar mi vida lo que veo lo que me cabrea y ahora me ha dado por escribir historietas de fantasía y ciencia ficción. ¿Cordura? ¿Eso que es?
Esta entrada fue publicada en Frikadas, Rol y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Trinquete : D&D Anexo III

  1. Lu dijo:

    Veta es genial… y la parte del gorrino hecho pedazos para conseguir bacon XDD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s